lunes, 4 de abril de 2016

El amor condicionado, un fabricante de miedo y culpa


amor
“Si no haces lo que te digo te dejo de querer”. “Pórtate bien para que la gente te quiera”. “Si dices mentiras nadie te va a querer”. “Te amare más si haces lo que te digo”. “Si sigues haciendo esto ya no te voy a querer”. Frases como estas las hemos escuchado al menos una vez en nuestra vida o quizá cientos de veces. Estas frases se han vuelto algo automático en nuestro lenguaje tanto que ya ni siquiera las pensamos cuando las decimos.
Tomate unos instantes para auto-observarte y te darás cuenta con cuanta frecuencia las dices. Escucha con atención a las personas que tienes cerca y notarás que las dicen sin saber sus implicaciones en las mentes de quienes las escuchan. Enseñamos a nuestros niños y niñas a someterse bajo estas premisas, y cuando son adultos preguntamos por qué son agresores o víctimas, cuando nosotros les dimos las pautas para que actuaran de esta manera.

¿Qué significado tienen estas frases para la persona que las dice y para quien las escucha?

Quien las dice ha aprendido consciente o inconscientemente, que es una forma de tener poder sobre el otro, el poder de conseguir que la otra persona sea quien ella quiere y no quien realmente es. El poder de crear a su imagen y semejanza a otro ser, de acuerdo a lo que este considera que es correcto o incorrecto. Este poder hace que nos sintamos dioses dueños de los designios de la vida del otro. Por eso nos enojamos cuando los otros se equivocan “con nosotros”, porque hemos perdido el poder que creímos haber ganado sobre ese otro, porque ya no son la creación que habíamos concebido. Entonces en realidad no lo amamos, simplemente nos apegamos a la idea de poder que tenemos, a las expectativas que tenemos del otro.
La persona que las escucha aprende que el amor depende de condiciones. Que para tener el amor de otros debe hacer y ser lo que el otro quiere y espera de él. Entonces se esfuerza constantemente en complacer sus necesidades, para no perder el amor que ha logrado a través del esfuerzo y cumplimiento de las reglas. Se convierte en una persona que actúa no por consciencia sino por encajar en las expectativas del otro. Surge entonces el miedo a perder al ser que le ofrece su amor, y se apega a la sensación de ser amado por alguien.
Al final ambas partes se llenan de miedo, el que tiene el poder tiene miedo de perder dicho poder y el que recibe el amor tiene miedo de perder a la persona que lo ama. Se genera entonces una relación de dependencia. Pero a esto debemos añadirle que la misma persona que tiene el poder también puede ser el ser que es amado, esto complica todo ya que tengo miedo de perder el amor que otro me ofrece pero también tengo miedo de perder el poder que tengo sobre el otro. Por eso así como nos aman, amamos, si nosotros debemos ser el reflejo de otros, los otros deben ser el reflejo de lo que nosotros deseamos y al momento de incumplir esas expectativas que otros tienen de nosotros nos llenamos de culpa y al ver que otros no cumplen nuestras expectativas nos llenamos de resentimiento.

Donde hay miedo no hay amor

 distanciamiento
La forma en que nos han enseñado a amar es a través de las expectativas. Nos han condicionado para el amor. Por eso frente a las exigencias del otro terminamos cediendo aunque no estemos de acuerdo en el fondo de nuestro ser. Igual que a los perros de Pavlov nos condicionaron para amar. En su libro “Despierta”, Antony de Melo dice “Usted nunca está enamorado de nadie. Usted sólo está enamorado de su idea preconcebida y optimista de esa persona”.
Vamos por el mundo creyendo que amamos más que los otros cuando intentamos mantener la imagen que otros esperan, pero por dentro sentimos el vacío y la frustración de no poder ser quienes en realidad somos. Eso no se llama amor sino deseo y es ahí cuando surge el apego. Entonces tenemos que escoger entre ser nosotros y ser odiados (no amados según el amor condicionado) o ser amados y estar deshabitados de nosotros (vacíos de nuestro verdadero yo). Ser no amado es doloroso, es ser excluido. A ningún miembro de ninguna especie le gusta sentirse de esta manera, por lo que terminamos sometidos a las reglas del grupo. Ser excluido significa no tener a quien recurrir, tener miedo porque nadie está para apoyarnos, no tener identidad de grupo, no saber quién soy ni a dónde pertenezco; por eso escogemos el camino del amor condicionado.
El amor por tanto ha sido mal concebido, no es esa idea que nos venden en las novelas, del amor romántico donde cada miembro de la pareja se convierte en el estereotipo de príncipe y princesa. El amor lo llegamos a concebir incluso como algo exclusivo de la pareja, por los demás solo sentimos cariño, aprecio, afecto, estima, agradecimiento. Por eso sentimos miedo de decirle a un familiar, a un amigo a otra persona diferente a la pareja que la amamos, porque lo confundimos con la sexualidad, con el deseo visceral.

Entonces ¿qué es el amor?

madre e hijo
El primer error que cometemos es intentar amar a otros antes que a nosotros mismos. Las instituciones religiosas nos han enseñado que debemos a amar a nuestro prójimo pero no nos dijeron que es necesario tener algo para poderlo dar. Es necesario amarnos a nosotros mismos y reconocernos en el amor para poder ofrecerlo a otros. Cuando verdaderamente nos amamos a nosotros mismos esto se refleja y los otros están dispuestos a recibir y darnos amor.
El segundo error es continuar con el condicionamiento aprendido, porque este genera culpa, miedo y resentimiento. El resentimiento, la culpa y el miedo, son la disonancia que impide que la frecuencia del amor sea escuchada, igual que un radio mal sintonizado, escuchamos dos emisoras pero no entendemos lo que nos transmite ninguna. Reconocer el odio y el resentimiento para poder sanarlo y así reconocer el amor. El amor irradia, es magnético, por eso los otros lo perciben, porque perciben la atracción que produce esa energía hacia la persona que lo irradia.
Amar es un verbo, por lo tanto significa acción y no una pulsión que surge del deseo, del apego, del miedo, de la cultura de amor idealizado y romántico. Para poder amar debo estar dispuesto a amar, a realizar la acción de amar y esto no depende de lo que el otro haga o deje de hacer según mis expectativas, depende de mi decisión de amar. Es entonces cuando nos damos cuenta que el amor es Universal, que podemos amar a todos los seres sobre el planeta, porque no depende de lo que suceda en el exterior, sino de lo que haya en mi interior, el abrir mi corazón para dar y recibir amor.
Amar es la acción cualificada por la sustancia Divina, es la resonancia del corazón en armonía con el cosmos, con la sinfonía del Universo.
Autor: JP Ben-Avid
Referencias
De Melo, Antony. (1990). Despierta. Charlas sobre la espiritualidad. Editorial norma: Colombia.

domingo, 3 de abril de 2016

Si eres paciente en un día de ira superarás cien de tristeza



Ser paciente no es ser débil ni cobarde. En ocasiones, es mucho mejor guardar silencio y sosegar el enfado que perderlo todo en un momento de ira descontrolada. Porque la paciencia es la virtud de los corazones tranquilos, capaces de entender que ser prudente en un día de enojo nos evita cien de tristeza.
Todos hemos experimentado momentos así. De hecho, en ocasiones, habitamos en el “epicentro” de entornos muy demandantes que ponen a prueba nuestra capacidad de aguante y esa habilidad que debemos tener como buenos gestores emocionales. La ira es como ese gatillo que se dispara cuando perdemos el control y que, lejos desahogarnos, suele traer efectos secundarios que nadie desea.
Aprende a ser paciente, a calmar el enojo, a enhebrar la ira en lazo del entendimiento y la comprensión para darte cuenta que la rabia no soluciona nada, porque lo podemos perder todo.
A la hora de hablar de esas dos grandes virtudes como son el silencio y la paciencia, parece como si estas dimensiones se asociaran más bien a la pasividad, a quien es incapaz de reaccionar. No debemos verlo así. El silencio sabio que no agrade y paciente, permite calmar a la mente para actuar con mayor aplomo, con mayor acierto y templanza.
Te invitamos a reflexionar sobre ello.
Ser paciente, la habilidad de los buenos gestores emocionales

Cuando hablamos de ira, enfado o enojo imaginamos casi al instante la imagen de un niño pequeño con los mofletes hinchados apunto de gritar. Si las rabietas infantiles son de por si una dimensión importante que lejos de obviarse, debemos saber atender para que el niño aprenda a gestionar sus emociones, no iba a ocurrir menos en la edad adulta.
El enfado no expresado nos enferma, pero el enojo que estalla en rabia y agresión también ocasiona víctimas. Sé paciente, calma tu mente y defiéndete sin agredir. Sé sabio.
Hay quien elige “tragarse” el enfado. Hacer como si nada hubiera pasado. Consciente de que ya quedaron atrás los días de gritos y pataletas elige, sencillamente, esconder su enojo, su frustración. No es lo adecuado ni es saludable. Tampoco es sabio permitir que un enfado se desboque, cual caballo salvaje guiado por la rabia para crear situaciones tan incómodas como destructoras.
Los buenos gestores emocionales aprenden de forma temprana que dos de los enemigos más complejos con los que se debe lidiar son sin duda el enfado y la rabia. Se relacionan además con numerosos cambios fisiológicos que intensifican aún más la sensación negativa y de amenaza. Por ello, a la hora de controlar a un enemigo, lo mejor es conocerlo.
Conociendo un enemigo común, la ira

Hay personas que se enfadan con mayor o menor frecuencia. La razón del por qué de esas diferencias individuales podrían explicarse por una tolerancia más baja a la frustración, o incluso por determinados marcadores genéticos.
1-La ira acontece en nuestro cerebro debido a un sutil desequilibro entre la serotonina, la dopamina y el óxido nitroso. Todo ello puede hacer que existan personas más tendentes a mostrar explosiones de ira y rabia.
2-Según un interesante artículo publicado en “The New York Times” por el psiquiatra Richard Friedman, la ira puede mostrarse también como resultado de una depresión encubierta.
Un enfado que no se controla, que no se razona o se gestiona de forma adecuada puede derivar en frustración y malestar. Cuando la ira inunda en nuestro cerebro debido al efecto de esa química neuronal, acontece múltiples cambios fisiológicos que van a incrementar aún más la emoción negativa. La rabia galopa ya de forma descontrolada.
El enfado no se puede esconder ni debe derivar en un ataque de rabia. Hay que desmenuzarlo entenderlo y canalizarlo de forma adecuada para que no asfixie, para que no hiera ni busque víctimas sobre las que proyectar el enojo.
Paciencia, calma y conducta asertiva para tratar los enfados

Desconfía de alguien que te comente aquello de que “él o ella no se enfada nunca”. Todos experimentamos injusticias, escuchamos palabras necias y comentarios tan injustos como ofensivos. Ahora bien, antes de dejar que nuestro enojo actúe como la mecha que enciende el fuego de la rabia, es necesario reflexionar unos momentos en estas dimensiones.
1-Pon nombre a lo que te enfada. No te quedes solo con sensaciones, con esa incomodidad que se arremolina en el estómago y atenaza tu mente. Describe en palabras concretas qué te molesta.
2-Busca la calma unos segundos, enciérrate en tu “palacio de pensar”. Es un espacio tranquilo y sereno que solo te pertenece a ti, visualiza un lugar idóneo donde dejas fuera la rabia y las emociones negativas para encerrarte con “la razón”. Piensa ahora cuál es la mejor opción ante aquello que te molesta.
3-Expresa de forma asertiva la razón de tu enojo. De nada nos vale” tragarnos” aquello que nos hace daño, porque los enfados no se guardan debajo de la cama, se expresan en forma de palabras respetuosas para evidenciar con claridad lo que nos hiere, lo que no que no queremos.
4-Controla, reestructura y cambia de escenario. Una de las mejores formas para gestionar el enfado y la rabia es controlar aspectos como la respiración o incluso esos procesos mentales capaces de potenciar aún más la emoción negativa. No busques culpables, apaga el ruido mental y los pensamientos irracionales.
chica con paloma pensando ser paciente
A veces, algo tan sencillo como caminar, respirar hondo y buscar un punto visual en el horizonte donde descansar la mente y apagar el interruptor del enojo puede salvarnos de todos esos alfileres externos que tanto abundan en el día a día. Es necesario alzarnos al mundo con el corazón tranquilo, conociendo nuestros límites y sabiendo que habrá momentos malos, sin duda, pero los buenos abundan más y son nuestra razón de ser…
Valeria Sabater

El Despertar Auténtico




(Extracto del libro: El final de tu mundo de Adyashanti)


La mayor parte de lo que se nos dice sobre el despertar suena como un argumento para vendernos la iluminación. Cuando tratan de vendernos algo, sólo nos cuentan los aspectos positivos, e incluso es posible que nos cuenten cosas que no son verdad. En el intento de vendernos el despertar, se nos refiere que la iluminación tiene que ver con el amor y el éxtasis, la compasión y la unión, y otras experiencias positivas. Suele estar envuelto en historias fantásticas, de modo que llegamos a creer que el despertar tiene que ver con milagros y poderes místicos. Uno de los argumentos de venta más habituales es la descripción de la iluminación como una experiencia de dicha. Consecuentemente, la gente piensa: “Cuando despierte espiritualmente, cuando sienta la unión con Dios, entraré en un estado de éxtasis constante”. Por supuesto, ésta es una comprensión equivocada del despertar.

El despertar puede ir acompañado de dicha, porque la dicha es un subproducto del despertar, pero no es el despertar mismo. Mientras vayamos buscando los subproductos del despertar, perderemos de vista la esencia. Esto es un problema, porque muchas prácticas espirituales intentan reproducir los subproductos del despertar sin lograr el despertar mismo. Podemos aprender ciertas técnicas meditativas —repetir mantras o cantar bhajans, por ejemplo— y se producirán ciertas experiencias positivas. La conciencia humana es extremadamente flexible, y al participar en ciertas prácticas, técnicas y disciplinas espirituales, puede generar muchos de los subproductos del despertar: estados de dicha, apertura, y así sucesivamente. Pero lo que suele ocurrir es que acabas únicamente con ellos, sin el despertar mismo.
Es importante que sepamos qué no es el despertar para que no vayamos detrás de sus subproductos. Debemos renunciar a la búsqueda de estados emocionales positivos a través de la práctica espiritual. El camino del despertar no consiste en sentir emociones positivas. Al contrario, es posible que la iluminación no sea en absoluto fácil ni positiva. No resulta sencillo dejar que aplasten nuestras ilusiones. No es fácil soltar percepciones muy arraigadas. Incluso podríamos experimentar una gran resistencia a reconocer esas ilusiones que nos producen mucho dolor.
Mucha gente no sabe que se va a encontrar con todo esto cuando emprende la vía del despertar espiritual. Como maestro, una de las cosas que averiguo sobre los discípulos al comienzo de nuestra relación es si están interesados en el despertar: ¿quieren realmente la verdad o sólo desean sentirse mejor? Porque el proceso de descubrir la verdad podría no ser un proceso en el que nos sintamos cada vez mejor. Puede ser uno en el que tengamos que mirarlo todo honestamente, con sinceridad, y eso puede ser fácil o no.
La llamada sincera de la realidad a la realidad, la llamada sincera a despertar, es una llamada que viene de un lugar muy profundo de nuestro interior. Viene de un lugar que prefiere la verdad a sentirse bien. Si nuestra preferencia es sentirnos bien en todo momento, continuaremos engañándonos a nosotros mismos, porque intentar sentirse bien en el momento es exactamente la manera que tenemos de engañarnos. Pensamos que nuestras ilusiones hacen que nos sintamos mejor. Para despertar, tenemos que romper con el paradigma de tratar siempre de sentirnos mejor. Por supuesto que queremos sentirnos mejor; esto forma parte de la experiencia humana. Todo el mundo desea sentirse bien. Nuestro cableado interno, nuestro sistema nervioso, nos lleva a buscar más placer y menos dolor. Pero en nosotros hay un impulso todavía más profundo, y es lo que describo como el impulso de despertar.
Este impulso de despertar es el que nos da la valentía de examinar todas las maneras que tenemos de engañarnos a nosotros mismos, el que nos llama a responsabilizarnos de nuestra propia vida. No podemos llegar a la iluminación arropados en los faldones de un maestro iluminado; no funciona así. Intentar hacer eso nos ciega; significa que no queremos pensar por nosotros mismos, que no queremos examinar as cosas por nosotros mismos. Cuando hacemos ciegamente lo que se nos dice —seguimos ciegamente una enseñanza sólo porque es antigua o reverenciada— acabamos justamente con lo que estábamos pidiendo: ceguera.
Otro de los grandes errores con respecto al despertar o la iluminación es que se trata de algún tipo de experiencia mística. Podríamos esperar una experiencia similar a la de la unión con Dios: un fundirse con el entorno o disolverse en el océano. Esto no es así. Y el despertar tampoco consiste en poseer de repente una gran comprensión cósmica: comprensión de cómo está construido el universo, comprensión de cómo opera internamente lo que pensamos que es la realidad.
Podría seguir indefinidamente, pero, en esencia, lo importante es darse cuenta de que el despertar espiritual es muy diferente a tener una experiencia mística. Las experiencias místicas son preciosas. En muchos sentidos son las experiencias más elevadas y placenteras que un “yo” puede tener. El “yo” siempre busca la unión. En realidad, muchas de las prácticas espirituales en las que participa la gente tienen como objetivo producir experiencias místicas de esta índole, tanto si hablamos de una experiencia de fusión o de visiones de deidades como de sentir que nuestra conciencia se expande a través del espacio y del tiempo. Sin embargo, una vez más, las experiencias místicas no son lo mismo que el despertar.
No estoy diciendo que las experiencias místicas no tengan valor, o que no sean transformadoras, porque suelen serlo. Las experiencias místicas pueden cambiar la estructura del yo egótico de manera radical, y a menudo de maneras muy positivas. De modo que, en el mundo de las cosas relativas, las experiencias místicas tienen valor. Pero cuando hablamos del despertar espiritual, no hablamos de una experiencia personal. Hablamos de despertar del “yo”. Hablamos de ir de un paradigma a otro completamente diferente, de un mundo a otro.
No quiero indicar que alguien despierto no vea el mismo mundo que tú ves. Tal como tú ves una silla, la persona despierta ve una silla. Tú ves un coche y la persona despierta también ve un coche. La diferencia consiste en que cuando uno está verdaderamente despierto, cuando uno ha ido más allá del velo de la dualidad, las cosas que parecen diferentes para todos los demás se perciben como esencialmente lo mismo. Vemos la silla, y al mismo tiempo no nos percibimos separados de la silla. Todo lo que vemos, todo lo que sentimos, todo lo que oímos es literalmente una manifestación de lo mismo.
Una de las señales del verdadero despertar es el final de la búsqueda
Cuando se produce un verdadero y auténtico despertar, quién somos y qué somos queda claro. Ya no hay preguntas al respecto; está resuelto. Así, una de las señales del verdadero despertar es el final de la búsqueda. Ya no sientes el impulso, el tira y afloja. El buscador ha quedado revelado como la realidad virtual que siempre fue, y desaparece como tal. En cierto sentido, ha terminado su tarea. Ha proporcionado el impulso necesario para ayudar a sacar la conciencia o el Espíritu de su identificación con el estado de sueño, y le ha ayudado a volver a su estado de ser natural.
Ahora, si se trata de un despertar permanente, el buscador y la búsqueda se disuelven completamente. Si, por otra parte, el despertar no es de carácter permanente, es posible que el buscador y la búsqueda estén en proceso de ser disueltos, pero sin hallarse totalmente disueltos todavía. En cualquier caso, esta disolución del buscador mismo puede transformar la propia vida. Para los que estamos en el camino espiritual, toda nuestra identidad puede haber estado dedicada a ser un buscador. Literalmente, nuestra vida puede haber estado definida por la búsqueda espiritual, por el anhelo de Dios, de la unión o de la iluminación.
Entonces, de repente, se produce el despertar. El buscador, la búsqueda y toda la estructura egótica que se construye alrededor de la búsqueda espiritual desaparecen de repente. Esta identidad se ve tal como es —carente de significado e inútil—, y se cae.
Esta caída del buscador puede experimentarse como un gran alivio. Da comienzo a lo que he denominado la luna de miel del despertar. Al menos en mi caso, experimenté esta caída del buscador y de la búsqueda como si me hubieran quitado un gran peso de encima. Fue una experiencia muy física. Literalmente sentí como si me hubieran quitado un peso, un peso que había estado acarreando.
Ésta es una experiencia común entre los que despiertan. Cuando la conciencia despierta de su sueño de separación, hay una gran sensación de alivio. Por eso la gente empieza a reír o a llorar, o experimenta una intensa liberación emocional del tipo que sea: sienten el alivio de haber salido por fin del estado de sueño. A veces llamo a este momento el primer beso. El despertar es como tu primer beso espiritual, tu primer beso de la realidad, tu introducción a la verdad de quién y qué eres.
Esta luna de miel puede durar un día, una semana, seis meses o un par de años. Varía según la persona. Lo característico del periodo de luna de miel es la fluidez completa: no hay resistencia en tu ser, en tu experiencia. Todo fluye. La vida es un flujo; todo parece ocurrir por su propia volición. Es el conocimiento experimental de que en realidad todo se está haciendo, y que tú, como entidad separada, no estás haciendo nada.
En el sentido más profundo, esta luna de miel es una experiencia de no resistencia completa y total. Dentro de la no resistencia, la vida fluye maravillosamente y de manera muy hermosa, casi mágica. Las cosas aparecen cuando tienen que hacerlo. Se toman decisiones sin decidir realmente; en todo está presente una sensación de obviedad. Es la experiencia del Espíritu sin ningún impedimento, sin la corrupción de la ilusión, del condicionamiento o de la contradicción. Este flujo puede ser una experiencia momentánea, o puede durar más tiempo. Algunas personas se sienten tan inmersas en la luna de miel que durante un tiempo están casi incapacitadas, perdidas en un estado de dicha durante una semana, un mes o incluso años.
El estado de sueño es el estado donde percibimos la separación, donde pensamos que somos una entidad y un ser separados. Ese ser separado siempre está buscando algo: amor, aprobación, éxito, dinero, tal vez incluso la iluminación. Pero cuando se produce el verdadero despertar, toda la estructura de la separación empieza a disolverse bajo nuestros pies.
Allí aún sigue existiendo un ser humano; no desaparecemos en una nube de humo. Incluso nuestra personalidad permanece intacta. Jesús tenía una personalidad; Buda tenía una personalidad. Todo el que camina sobre la Tierra la tiene. Incluso los niños, cuando salen del útero de sus madres, la tienen. Es una de las bellezas de la existencia, que cada uno de nosotros tenga una personalidad diferente. Los perros y los gatos, los pájaros, incluso los árboles tienen distintas personalidades.
La diferencia está en que, una vez que hemos visto más allá del velo de la separación, la identificación con nuestra personalidad particular empieza a disolverse. Incluso si penetramos muy profundamente en la unidad y la transformación ha sido muy grande, sigue estando presente una estructura básica de personalidad. Sin embargo, lo que impulsaba nuestra personalidad, todos sus antiguos principios orientadores e impulsos autocentrados, o bien han desaparecido o están en proceso de desaparecer.
Si practicamos la espiritualidad, uno de los resultados que esperamos es la disolución del ego. Reconocemos el dolor del estado egótico y tenemos la esperanza de no vernos confinados eternamente en él. Pero el despertar en sí no es lo mismo que la disolución del ego. Podemos despertar tanto si el ego se ha disuelto como si no. De hecho, pueden despertar egos muy fuertes y destructivos. El despertar da comienzo al proceso. El resultado del despertar —su consecuencia— es la disolución radical del ego.
Esto no implica que el ego vaya a cooperar. El ego puede resistirse a esta disolución con todo lo que tiene. Puede sacar a relucir todo su arsenal. No obstante, el proceso ha empezado. Y, por último, una vez que has tenido un vislumbre de la realidad, no hay nada que puedas hacer para impedir que el ego acabe por disolverse.

sábado, 2 de abril de 2016

AMAR A UN SER HUMANO





 
Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y sus alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vació y carente de sentido, que no puede confiar en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.
 
Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta al confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tu desearlas que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.
 
Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tu mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".
 
Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando de sí mismo duda, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo le entristece, sin dejarle arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.
 
 
Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que le brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el Otro de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.
 
 
Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuanto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida tina experiencia más rica y más llena de sentido.
 
Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios límites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo.
 
 
Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con, gratitud por los tesoros compartidos.
 
Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

Fuente: Tomado de un Curso gratuito de Ángeles  

Cuando la emoción no se expresa, el corazón duele




COLABORADOR

No existe nadie capaz de mirarse y ver vacío en sí mismo, pues hasta el vacío tiene fondo dentro de todos nosotros. Estamos llenos de personas, momentos, detalles minúsculos que nos forman cada día como aquellas personas que somos.
Todos esas pequeñas grandes cosas nos hicieron grandes en algún momento de nuestra vida, incluso las ausencias: porque sé de gente que vive colmada de ausencias y hasta eso suena a estar lleno. Lo que ocurre es que también estamos repletos de emociones que nos duelen y cuando no se expresan el corazón no avanza.

Déjate oír, saca lo que te hace daño

Si hay algo que nos diferencia del resto de animales es la posibilidad de hablar. La palabra, además de poder ser nuestra herramienta de expresión más distintiva es también, a veces, la mejor cura que podemos tener para nuestro yo interior. Hablar es ponerle letras a aquello que sentimos, dándole un lugar.
En este sentido, una de las cosas que mejor nos van a hacer sentir siempre es agradecer la posibilidad que nos brinda la capacidad de expresarnos en voz alta para mostrar lo que duele, dejarlo salir y hacerlo marchar.Expresar lo que sentimos es una forma de liberarnos.
Cómo hacemos con nosotros cuando compramos un billete solo de ida a algún lugar: la expresión de nuestros sentimientos es la puerta de salida de todo aquello que no deja al corazón ser feliz.
 
“Quiero llorar porque me da la gana, como lloran los niños del último banco, porque yo no soy un hombre ni un poeta ni una hoja, pero sí un pulso herido que ronda las cosas del otro lado.”
-Federico García Lorca-

Ponerte coraza no te hará más fuerte, solo parecerlo

Los momentos en los que la vida nos cierra las puertas, inclusive a nosotros mismos, provocan que perdamos las riendas de lo que somos y la única forma de volver a tomarlas es dejarte oír, gritar si es necesario.
Tenemos claro que lloramos, dolemos y hasta a veces nos odiamos. Como si tuviéramos la culpa de estar bloqueados y existiese algo más poderoso que nosotros que  nos obliga a callar y seguir atados: no sabemos definirlo con certeza, pero está ahí.
Porque a la manera en la que quería hacer llegar con el título, cuando el dolor no se expresa, el corazón duele. Duele porque todo sigue dentro, como si tuviéramos alfileres en las manos y cada vez que nos tocáramos nos pinchásemos.
“En lo más crudo del invierno aprendí por fin que dentro de mí hay un verano invencible.”
-Albert Camus-
Sin embargo, no nos damos cuenta de que tenemos dentro un “verano invencible”, un yo puedo que puede con todo. Lo que olvidamos es que el corazón de una persona necesita salir de vez en cuando, que abramos las ventanas para que se deje oír para que se deje curar, sanar, cuidar y arropar.

La sonrisa que más cuesta expresar es la del alma

 

Cuando dejamos que el corazón no se cierre y nos abrimos a otras personas y, en definitiva, al mundo, lo normal es que sintamos alivio y satisfacción progresiva. Experimentaremos una sensación tan placentera que en las próximas ocasiones intentaremos actuar de forma similar.

Cuando comienzas a avanzar poco a poco verás cómo se va dibujando una sonrisa en tu cara. Esta sonrisa, y tú lo sabes mejor que nadie, ha costado horrores; pero, ahora sabe mejor que ninguna. Ha costado llantos, sufrimiento y mucho esfuerzo personal para poder lograrla.
“Y a lo mejor si la sonrisa viene de muy de muy adentro usted puede llorar sencillamente sin desgarrarse, sin desesperarse, sin convocar la muerte ni sentirse vacía. Llorar, solo llorar. Entonces su sonrisa, si todavía existe, se vuelve un arco iris.”
-Mario Benedetti-
Hemos dejado salir de nuestro interior los colores oscuros y cuando eso pasa volvemos a ver el arco iris. Igual que cuando llueve, porque tieneque llover para que ver el cielo en su mejor versión. 
En otras palabras, la sonrisa que más cuesta expresar es la del alma porque si no se hace hay algo dentro que no nos deja ser en toda nuestra esencia. Cuando se hace, descubres que deberías quererte y que el mundo está para disfrutarlo, sin límites y con tormentas.
Cristina Medina Gomez